Empezó a estudiar actuación por recomendación de una foniatra: es que la experiencia traumática de pasar por el servicio militar argentino lo había dejado tartamudo. Se convirtió en uno de los nombres fundamentales de la «nueva dramaturgia», a pesar de que siempre se sintió incómodo en esa generación, con la que sostiene una distancia crítica, al punto que se considera un fantasma entre sus pares. Para muchos hermético, para otros desafiante, Luis Cano acaba de estrenar dos piezas, CHIQUITO –en una sala independiente– y COQUETOS CARNAVALES –en el Teatro Sarmiento–. Y en ambas repite su obsesión: la violencia entre hombres y la relación padre e hijo.
Sigue leyendo en el blog de Carlos Ianni.
Actualización (9 de septiembre de 2009): Por cierto, éste es el blog de Luis Cano.
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