Jiří Havelka.- Bueno, no sé si poseo
un estilo determinado. Seguramente haya características en común
que unidas puedan considerarse como tal, pero sólo visto desde
fuera; por ello no soy el más adecuado para hablar de esto. Nunca
busco algo extraoriginal; hago teatro de la única manera que puedo,
lo que significa que empleo el teatro como un medio para ayudarme a
resolver ciertos conflictos, compartirlos con el público y
comunicarme con otra gente.
C.B.- (A
público.) Para Havelka, el público es “la base, la razón por la
cual, el cómplice”.
J.H.- Intento tratar temas
contemporáneos, relevantes y emocionantes que no dejen a la gente
pasiva, simplemente aceptando lo que ven: que les obligue a tomar
algún tipo de decisión al respecto, modificar su perspectiva,
obligarles un poco a ser activos, ¡ponerles en movimiento! E intento
encontrar la manera de que resulte interesante, incluso para mí, y
atraiga a la gente al teatro. Hay que demostrar que el teatro es un
medio singular capaz de competir con todos los otros medios virtuales
mucho más sexys, cools y rápidos.
J.H.- En la práctica, para mí lo
primero es la obsesión. Necesito obsesionarme con algo: un tema, una
imagen, un gesto, una frase, las noticias, lo que sea. El siguiente
paso es obsesionar a todos mis colaboradores –actores, dramaturgos,
escenógrafos, músicos, iluminadores...–. Tiene que ser como un
virus contagioso que se propague por doquier, pero lo más importante
es que creo que la obra se concibe única y exclusivamente en los
ensayos. Puedes tener imágenes muy bonitas en tu cabeza, un tema
perfectamente formulado o ideas originales antes de empezar a
ensayar, pero no tienes nada si no ocurre nada en el espacio de
ensayo, si no pruebas su valor durante el trabajo con los actores, si
lo que tenías en la cabeza no nace de nuevo en el espacio y tiempo
de ensayo. Me encanta la primera fase de ensayos, cuando estamos
colectivamente perdidos y hablamos, buscamos, discutimos, intentamos
esto y aquello, cuando el caos está lleno de accidentes y pausas y
digresiones que orquestan el ensayo, cuando todo está permitido y
nada es un error. En definitiva, cuando es una aventura permanente,
una crisis permanente, y construir algo no es más que una remota
posibilidad. Y entonces, en ese instante se alcanza lo que llamo el
Punto Cero a partir del cual comenzamos a construir, a montar el
espectáculo –si pudiera escoger lo que más me gusta del teatro,
no escribiría ni dirigiría, tan solo ensayaría–. Este proceso es
lo que damos por llamar la elaboración. El término está muy en
boga últimamente en la República Checa. Mucha gente lo usa para
resumir su estilo creativo, aunque exista una infinidad de
elaboraciones diferentes. Antes de que la palabra se volviera tan
popular, yo solía describir el proceso “basado en la
improvisación” o “surgido de la improvisación colectiva
controlada”. En el teatro no interpretado o de autor, esta
tendencia se refiere a todo aquel montaje que se inicia sin texto
dramático, en particular sin una obra teatral, lo cual no excluye
otros tipos de textos, artículos u otros fragmentos literarios.
C.B.- En 2007
estrenas en el Teatro de Dejvice Černá
díra (Agujero negro), espectáculo creado a partir de la repetición
permutacional de una situación aparentemente muy sencilla.
J.H.- Describir el
proceso de Černá díra es imposible. Fue
un milagro. Propuse un tema y comenzamos a improvisar. Fue bien hasta
el momento en que intentamos juntarlo todo. No había manera. Todo
estaba correcto pero no funcionaba. Y el estreno era en diez días.
Justo me acababa de licenciar y aquello se convirtió en una gran
presión, quería dejar el trabajo para siempre. Miroslav Krobot, el
director artístico del Teatro de Dejvice, me dijo: “Okey, no pasa
nada, posponemos el estreno y tú pruebas lo que quieras”. Y fue
así como sucedió. Teníamos espacio de ensayo. Tiempo. Siete
actores. Escenógrafo, dramaturgo y muchas ganas de crear algo. En el
otro extremo, nada. Punto: Cero. Estado mental: “No sé”.
Apertura total a todo. Y la depresión más pura se trocó en la
euforia más pura. Ocurrió el big bang. No hay universo sin big
bang.
C.B.- (A
público.) Ese mismo año Havelka recibiría el galardón de Mejor
Talento del Año en los prestigiosos Premios Alfréd Radok. En Černá
díra se pone de manifiesto su interés por explorar en la creación
de ilusiones escénicas y las posibilidades del tiempo y el espacio
en el teatro.
J.H.- Al
principio escenificaba temas muy personales, pero con el tiempo me he
concentrado más en la ciudad o el estado donde vivo con sus
tradiciones, la historia, etcétera. Es un proceso natural; realmente
nunca busco un tema, simplemente acude. Pasé una larga temporada que
parecía poseído por la física y por los físicos que habían
logrado cambiar radicalmente nuestro punto de vista de la realidad,
por lo que hice un montón de espectáculos basados en cómo poner en
escena las leyes de la física o qué tipo de paralelismos se
establecen entre la física y el teatro. Después empecé a
interesarme mucho por los héroes, en los hechos heroicos que jalonan
la historia de nuestra república.
C.B.- ¿Qué prefieres escenificar,
comedias o tragedias?
J.H.- No creo que exista tal categoría,
sólo buenas o malas experiencias. El ser humano es una criatura muy
compleja y así debieran ser las obras de teatro.
C.B.- ¿Cuáles son tus próximos
proyectos?
J.H.- Actualmente
la escuela me ocupa mucho tiempo.
C.B.- (A
público.) Havelka es uno de los jefes del departamento de teatro
alternativo y títeres de DAMU.
J.H.- Estamos
intentando realizar bastantes cambios importantes en nuestro
departamento con la intención de abrirnos aún más a lo que
realmente sucede en el ámbito del teatro alternativo a nivel
mundial. Estos cambios conllevan, por supuesto, nuevas preguntas que
replantean la razón de la existencia de nuestro departamento como
qué significa en realidad la palabra “alternativo” hoy en día,
alternativo a qué y para quién y por qué ser alternativo, qué
quiero expresar cuando recurro a esta palabra en términos teatrales.
De hecho, estas preguntas me ayudan personalmente a definir la razón
por la cual me dedico al teatro. Así que el trabajo en la escuela
infiere en mi trabajo en los teatros y viceversa. Pero, sea como
fuere, concluí en febrero una obra para HaDivadlo de Brno. Se llama
El mundo en peligro y está sutilmente conectada con otra que
presenté hace cuatro años, El indio en peligro. Ésta trataba sobre
el desafío de percibir el mundo a través de la teoría de la
relatividad de Einstein y la nueva trata sobre las abejas: las abejas
están muriendo lenta, deliberadamente con el fin de transmitir a los
hombres un mensaje muy importante. Aparte, también tengo muchos
proyectos pensados para el futuro, pero siempre están modificándose
debido a los cambios constantes en nuestra república, Europa o el
mundo. Llevo un tiempo dándole muchas vueltas a La espuma de los
días de Boris Vian en términos teatrales de tal forma que todo lo
que se encuentre en escena –escenografía, utillaje, luces y
sonido– sea más vívido y esté más vivo que los propios
personajes. También tengo en mente, por citar algunos temas, 1984 de
Orwell, Georges Méliès y muchos otros relacionados con la política
y la sociedad.
C.B.- ¿Cuándo sentiste la atracción
por el teatro?
J.H.- En la escuela
secundaria en Jihlava. Nuestro profesor de checo y literatura creó
un grupo de teatro escolar y lo primero que montamos fue El
hobbit de J.R.R.Tolkien. Yo interpreté a Bilbo Bolsón. Fue bastante
exitoso, la gente se rió muchísimo y fue la primera vez que sentí
esa atracción, el poder que tiene el público.
C.B.- ¿Cuentas con autores de
cabecera?
J.H.- Como
he dicho, no suelo montar textos dramáticos preconcebidos. Contemplo
la literatura como una fuente más del teatro que suma, pero no es
indispensable. Como sabemos, para hacer teatro necesitamos actor,
espacio y espectador. Es todo –si cuento la luz sobre en el
espacio–, pero claro que cuento con mis “héroes” que me
inspiran: Jarry, Beckett, Stoppard.
C.B.- ¿Qué cambiarías de tu panorama
teatral más cercano?
J.H.- Me gustaría
que se abriera más a otros tipos, géneros y ramificaciones del
teatro contemporáneo. Y me gustaría que el público fuera capaz de
disfrutar más obras en la frontera o el filo con otros ámbitos
artísticos. Me gustaría que estuviera más
en contacto con el teatro europeo y en lo posible de la escena
mundial. De todas formas, no me preocupa el estado del teatro: a
pesar del descenso en picado de las ayudas, las finanzas y el
interés, el teatro sobrevivirá. Mientras exista el ser humano en el
mundo, habrá teatro.
C.B.- Una de las preguntas que formulo
siempre a mis entrevistados: ¿qué es el arte para ti?
J.H.- ¡Dímelo tú! Algo sin lo cual
la humanidad puede sobrevivir pero no vivir. Eso sí, lo que sólo se
da en el teatro y no en otras artes es que el teatro nunca es una
cuestión estética, siempre es una situación social.
C.B.- ¿Es útil?
J.H.- ¡De nuevo!
¡Díme tú! El teatro debe arriesgar e indagar en nuevos caminos
constantemente para ser útil. Cada día, cada segundo. Cada ensayo.
Cada vez que entro en un ensayo sé que habrá nuevo lío, una gran
discusión, una lucha. Sin obstáculo no hay desafío. Debe haber
choque para que algo nazca y el teatro te da todo lo que le pides
pero nunca es suficiente –de otra forma, lo hubiera dejado–. La
satisfacción total significa la muerte. Pero si algo me gusta es que
siempre quiero jugar y es lo que hago. El teatro es el Juego de la
Vida, aunque esta confrontación no debe darse en términos de
utilidad, no es práctico como estímulo que te ayude a lograr o
facilitar algo. Sí que es útil cuando avanza en aras de convertirse
en una gran alternativa a los otros medios, los pasivos: el realismo
televisivo, la cultura de palomitas y la virtualidad ubicua.
El teatro puede ser útil para fortalecer nuestra imaginación,
estimular la capacidad creativa, despertad los sentidos drogados. No
creo que el teatro pueda cambiar el mundo, no a gran escala, pero me
gustaría creer que puede cambiar el punto de vista de la gente, la
manera de pensar o la percepción de la realidad y a partir de ahí,
cambiar la realidad. Lo cual significa, a fin de cuentas, que sí,
que puede cambiar el mundo.
C.B.- Permíteme que prosiga con otra
de las preguntas habituales: Si pudieras suprimir algo de la historia
más reciente, ¿qué eliminarías?
J.H.- Me
gusta el “si” porque la palabra “si” abre el juego. En los
últimos cien años han pasado demasiadas cosas terribles para que se
puedan enumerar aquí. Y sin embargo, han sucedido. El secreto está
en qué está pasando. Es complicado resumir brevemente lo qué está
sucediendo ahora en Europa. Primero: no hay mucha gente que se muera
de hambre. Segundo: creo que la crisis es un estado mental. Una vez
lo aceptas, estás en crisis. Tercero: ¿Qué sabemos realmente de
esa enorme crisis? ¿Quién nos informa? Los medios. ¿Confiamos en
los medios? Creo que aun hay una crisis mayor sobrevolando todo esto
y es una crisis de autenticidad. ¿Qué es lo natural hoy en día?
¿Dónde está la frontera entre la máscara y el rostro? ¿Entre la
verdad y la pretendida verdad? ¿Entre la realidad y la falsedad? Y
no es una cuestión filosófica. Hablo sobre temas cotidianos como
las series de televisión, los reality shows, los discursos
políticos, las fotos en los periódicos, las noticias en internet,
las charlas entre amigos por internet en vez de en persona. A veces
me siento perdido en un escenario omnipresente, todo a mi alrededor
es como un escenario. Sólo creo en cosas tangibles, necesito estar
en contacto con la realidad a través de mis sentidos –ojos,
orejas, manos...–. Ese es el poder del teatro contemporáneo.
C.B.- Para terminar, si pudieras cenar
con tu autor clásico favorito, ¿quién sería y qué le
preguntarías?
J.H.- Václav
Havel. ¿Por qué permitió que Václav Klaus le reemplazara?
C.B.- Estimado Jiří,
muchísimas gracias.
(Artículo publicado en Artez)
(Artículo publicado en Artez)




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